Identificación Digital

En la actualidad no se puede prescindir de la identificación digital de productos, tanto para su comercialización en puntos de venta final como para su trazabilidad dentro de la cadena logística.

Existen varios sistemas de identificación que con el correr de los años se han ido estandarizando a nivel global. Entre ellos podemos destacar el código de barras, databar, datamatrix (código en 2 dimensiones) y rfid (identificación por radiofrecuencia).

Las tecnologías mencionadas tienen como finalidad la mejora en los tiempos junto con la disminución de errores y costos asociados. En la actualidad siguen existiendo locales comerciales que realizan las tareas de recepción de mercadería, asignación de un código interno, creación y pegado de una etiqueta propia con un número o inclusive el precio del producto. Todas estas operaciones implican horas de trabajo del personal, equipamiento e insumos, generando por otra parte diferencias entre la declaración del producto por parte del proveedor y la asignada por la Empresa (clasificación, nombre y código). Asimismo hay que crear una definición de estándares internos para asignar códigos y clasificar los artículos, y lo que es peor, errores al momento de la facturación (se factura un producto por otro, no se discriminan artículos similares). Esta falta de un estándar o vínculo entre los artículos que me entrega mi proveedor con los que asigno internamente en la Empresa deriva finalmente en serios problemas de stock.

La mayoría de las Empresas se desvelan por controlar sus stocks a partir de no utilizar correctamente los sistemas de identificación automática de productos. El quiebre de stock en el punto de venta ha llevado a la realización de importantes estudios que demuestran pérdidas significativas en las Empresas por faltante de mercadería al alcance del consumidor. La problemática de los costos asociados a un mal manejo de stocks es un tema de análisis profundo que se realiza en el marco de la logística.

A través de los años se llegó finalmente a una estandarización global realizada por la fundación GS1 de manera tal que un artículo producido en Argentina pueda ser comercializado en Europa y al efectuar una lectura en el punto de venta se conozca automáticamente el precio. Esto que vemos comúnmente en un supermercado requiere de un organismo que asigna un “código único” a cada artículo en el mundo y envía las bases de datos a todos sus asociados con este código y la descripción completa del mismo para que finalmente se asigne el precio (el mismo no se incluye en el código).

Los sistemas de identificación automática están orientados a ser utilizados en diferentes etapas de la cadena logística, el código que conocemos habitualmente es el del producto final que denominaremos “unidad de consumo”, pero hay otras variantes destinadas a identificar la “unidad comercial” (cajas que contienen varias unidades de consumo) como así también las unidades de transporte o “pallets” (que contienen varias cajas con unidades de consumo).

El código de barras es la representación de determinada información mediante un conjunto de líneas verticales de diferente grosor y espacio. Sirve para reconocer rápidamente un artículo en un comercio o en un punto de la cadena logística.

El GTIN (Número Global de Artículo Comercial) es utilizado para identificar de manera única a cualquier producto o ítem sobre el cual existe una necesidad de obtener una información específica y al cual se le debe asignar un precio. Esto incluye materias primas, productos terminados, insumos y servicios. Este nuevo estándar es equivalente a los utilizados anteriormente con otras denominaciones (EAN / UCC). La asignación de este código se interpreta desde la óptica del consumidor para evitar que pueda equivocarse al momento de su elección, es decir que por ejemplo si el producto es el mismo pero cambia la marca, la cantidad o forma parte de una promoción, entre otros, debe tener un GTIN diferente.

Las “unidades de consumo” se identifican mediante los códigos GTIN-13 y GTIN-12 (USA y Canadá). Tienen la particularidad de utilizar solamente números, su longitud es fija (13 caracteres o 12 caracteres), identifican un producto pero sus detalles están realmente en una base de datos, y tienen la siguiente estructura:

GTIN-13: los 3 primeros dígitos representan el país de origen (por ej. 779 es el código de Argentina), los siguientes 5 o 6 dígitos la Empresa (código asignado por GS1), a continuación 3 o 4 dígitos identifican el número de artículo para la Empresa mencionada (estas asignaciones de cantidad de dígitos para la Empresa y el producto varían levemente de uno a otro país) y el último se denomina “dígito verificador” que resulta de una ecuación para determinar si al momento de realizar la lectura hubo errores.

Este mismo modelo con algunas particularidades es empleado para la identificación de productos con peso variable, lo que vemos habitualmente cuando una balanza nos genera un ticket con un código de barras que en este caso incorpora en el mismo el precio, siendo de uso interno.

Otras variantes son los códigos utilizados para la identificación de libros (ISBN) y publicaciones seriadas como periódicos (ISSN).

Existen otros códigos de barra de “longitud variable” como los que podemos visualizar en facturas de responsables inscriptos, quienes tienen la obligación de utilizarlo a partir de la Resolución General 1702 de la AFIP (CUIT, tipo de comprobante, punto de venta, CAI, fecha de vencimiento y dígito verificador) como así también los códigos de barra que nos permiten realizar pagos de facturas o servicios (empresa de servicio, importe primer vencimiento, fecha primer vencimiento, cliente, recargo segundo vencimiento, fecha segundo vencimiento, …, dígito verificador). Es por esto que en algunas facturas de servicio vamos a encontrar ambos códigos de barra de dimensión considerable pero de mucha información obtenible con una sola lectura rápida.

Otra identificación corresponde a las unidades comerciales y pallets como así también la aplicación de códigos databar, datamatrix y rfid. De acuerdo al proceso de trazabilidad que vayamos a controlar debemos analizar de qué manera el uso de la tecnología puede simplificarnos las operaciones diarias, mejorando nuestra rentabilidad y permitiendo que dediquemos mayor tiempo a mantener y mejorar nuestra relación con el cliente.

 

Arturo Calcagno